Vivimos una época de cambios continuos y acelerados: esto ya no es un secreto para nadie. Cambian las tecnologías, los medios de comunicación, la actitud frente a la naturaleza y el medio ambiente, los medios de abordar la salud y la enfermedad, la manera de almacenar y
relacionar los conocimientos, los sistemas de producción y comercialización, etc. Los cambios nos plantean desafíos de gran complejidad.
Uno de los mayores desafíos consiste en comprender la naturaleza de los cambios, definir nuestra responsabilidad frente a ellos y prepararnos para enfrentarlos. Por este motivo, se espera hoy del estudiante, una persona con un sólido desarrollo intelectual, afectivo y social, que esté preparado para actuar frente a lo inesperado, sin perder de vista los valores que dan sentido a su desarrollo personal y al de su comunidad.
Si el colegio de ayer preparaba para actuar en una sociedad "hecha", que se suponía no debería alterarse, la escuela de hoy debe preparar para una sociedad "cambiante" y de rápidas transformaciones culturales económicas y sociales. En el marco dinámico del siglo XXI es necesario revisar algunas cuestiones relacionadas con el concepto de educación. Por muchos años predominó la idea de que el proceso de formación concluía en un determinado momento: al egresar. Luego comenzaba la etapa de preparación universitaria y después el ejercicio profesional en la cual, si bien era imprescindible mantenerse actualizado, el desafío consistía en aplicar lo aprendido.
Actualmente se habla de estudios de pos-grado: Especializaciones, Maestrías, Masters,
Doctorados. El nuevo modo de plantear la educación tiene que ver con el aprender para aprender, es decir, aprender hoy para estar en condiciones de seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida.
Preparar para una sociedad cambiante requiere también educar para la incertidumbre. Se piensa en una educación que forme personas con capacidad de pensar, sentir y realizar. Personas igualmente orientadas hacia sí mismas, hacia los demás y hacia su entorno, con sensibilidad para valorar el pasado, vivir el presente y proyectar el futuro.
Ser estudiante en este nuevo siglo implica mucho más que asistir a una institución educativa, significa no sólo asistir a la escuela. Requiere que en el acto de estudiar se comprometa la totalidad de la persona del estudiante y que en su trayectoria se convierta en un miembro vivo del colegio. En cada acto de estudiar se compromete la totalidad de la persona del estudiante, es en este momento en el cual la persona se aplica y se entrega. |
Con el estudio se convierte en un miembro vivo del colegio, pertenece y forma parte de el. Que se sienta el responsable último de su propio proceso de aprendizaje. Quienes lo rodean: profesores, compañeros, pueden contribuir a que avance en su propio proceso, pero nunca pueden sustituirlo. Sólo él puede aprender, ya que sólo él puede construir la representación mental de los contenidos, integrar las ideas nuevas con sus ideas previas, seleccionar la información que le llega a través del profesor, de los libros, de los medios de comunicación, etc. El aprendizaje es un medio interno, que puede ser promovido, guiado, facilitado, desde el entorno social, pero nadie puede descubrir significados ni establecer relaciones por otra persona.
Ante el caudal de información que, que el alumno necesita aprender, es importante que desarrolle una metodología de estudio organizada. Para lograrla el primer paso es identificar los momentos en el proceso de estudio y las estrategias para trabajar en cada uno de ellos. El segundo paso es pensar en los propios modos de aprender, en las actitudes y aptitudes personales ante el esfuerzo y el trabajo. El tercer paso, que le da sentido a los anteriores, es proyectar los aprendizajes hacia el futuro, descubriendo la relación entre los
contenidos y futuros roles profesionales.
Si bien la concepción actual de la educación pone su acento en la adquisición de procedimientos, métodos, principios y generalizaciones para la resolución de problemas y no en la acumulación de información memorizada, esto no quiere decir que se niegue valor a la información. Siempre hay un caudal de datos, de información acerca de la realidad, que es imprescindible recordar, aún para resolver nuevos problemas. Si el estudiante utiliza adecuadamente estrategias de estudio, reducirá al mínimo sus problemas de memorización, porque procediendo algorítmicamente irá internalizando las relaciones adecuadas que puede brindarle el material bibliográfico. Pero insistimos en no olvidarnos de la memoria. Sin ella no existiría prácticamente vida mental. No podríamos pensar, operación que implica un manejo de datos aprendidos o vividos y recordados; no podríamos sentir; no podríamos reconocer a las personas que nos rodean; en suma seríamos criaturas sin conciencia. Memoria, es aquel proceso que tiene por objeto "acordarse de algo" y su finalidad es la reproducción de algo vivido o aprendido anteriormente.
De ahí la importancia del autoconocimiento. El autoconocimiento es esencial para cultivar las aptitudes personales y para dirigir adecuadamente los esfuerzos educativos y de erfeccionamiento propios. En definitiva, la propuesta es vivir la trayectoria del colegio como un tiempo de desarrollo personal, que trasciende el saber más y se relaciona con el sentirse una persona valiosa, orgullosa de sus propios avances y que se prepara para crecer en la univesidad y después ofrecer un servicio profesional responsable a su comunidad. |